La Campaña 2016

En las últimas décadas, la ola de violencia en el Brasil ha crecido de manera aterradora, y las principales víctimas son niños, mujeres y ancianos. Sin embargo, más allá de la violencia física, existe también la psicológica, la sexual, la patrimonial y la moral.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de los factores que más ha influido en el aumento de la violencia es el consumo de alcohol y/o drogas ilícitas. Resulta sorprendente ver cómo adolescentes y jóvenes han sido alcanzados por esos hábitos. Cerca de 320 mil de ellos mueren cada año en todo el mundo a causa del alcohol. Y, aunque sea considerado inofensivo, esta es una de las puertas de entrada para el consumo de otras drogas ilícitas como la marihuana, la cocaína y el crack.

Lamentablemente, muchas personas inician su trayectoria en ese camino en búsqueda de liberación. Quieren olvidarse de los problemas, vencer los traumas y huir de la realidad que los rodea. Sin embargo, a fin de cuentas, no es esto lo que sucede. Variados estudios comprueban que cuanto más temprano comienza una persona a hacer uso de esas sustancias tiene mayor dependiencia. El crack, por ejemplo, se ha transformado en una pesadilla social, pues las personas que lo prueban no tienen posibilidades de vencerlo por ellos mismos, provocándoles un cuadro de dependencia y de degradación.

Y todo esto puede comenzar en la propia casa, sin que los padres se den cuenta. De acuerdo con la Investigación Nacional de Políticas de Alcohol y otras Drogas (LENAD), coordinada por la Universidad Federal de San Pablo (UNIFESP), los niños expuestos a violencia doméstica tienen más probabilidades de incurrir en el consumo de drogas durante su vida adulta. Más de la mitad de los adictos a la cocaína y más de un tercio de los usuarios de marihuana han sido víctimas de abuso infantil.

Estos datos preocupantes forman parte de las estadísticas que incluimos en esta edición de la revista Rompiendo el Silencio, que trae a la superficie uno de los problemas sociales más grandes de la historia de la humanidad. Es imposible combatir la violencia doméstica sin combatir el uso de las drogas, y la falsa ilusión que esta genera en sus usuarios, quienes se van convirtiendo en esclavos del consumo.

Para cambiar esta situación, el papel de la familia es esencial. Por esto, la formación del carácter es uno de los puntos centrales del material que vas a leer en las siguientes páginas. Los padres necesitan transmitir valores, a fin de que los niños y los adolescentes tengan puntos de referencia seguros, y aprendan a realizar buenas elecciones.

Si en los hogares se desarrolla la integridad moral, los cónyuges serán más felices, y habrá una buena relación personal con los hijos. Además, si en el hogar existe abstinencia total de cualquier tipo de droga (la cual eventualmente podría llevar a la violencia doméstica), muy probablemente las drogas no formarán parte de la realidad de los hijos.

Y si tú quieres ayudar a cambiar al mundo, comparte esta revista con todo aquel que lo necesite. Aunque una sola familia, o una sola vida, resulten transformadas gracias a su contenido, tendremos la seguridad de que estamos transitando en el camino correcto.

MARLI PEYERL, Coordinadora de la Campaña Rompiendo el Silencio en América del Sur.