Campaña 2018

Recientemente escuché a una persona decir: “Creo que ya viví lo suficiente. Mi vida no es tan importante. Tengo plena seguridad de que si muero nadie va a sentir mi falta”. Probablemente, ya hayas escuchado frases semejantes, dichas por alguien desanimado o cansado de cargar los fardos de la vida. A pesar de que situaciones así son comunes, es necesario estar atentos para distinguir entre un simple comentario, una señal de disturbio mental o un real deseo de morir.

Hasta frases que no tengan una explícita ideación suicida deben ser tomadas en serio, pues esconden dolores intensos. Expresiones como “No sé para qué nací” o “Tengo ganas de desaparecer de la Tierra” pueden revelar un sufrimiento que necesita ser urgentemente aliviado.

Al final de cuentas, todos merecen vivir bien.

En esta edición, la campaña “Rompiendo el silencio” encara un problema que no puede ser tratado por más tiempo como un tabú: el suicidio. Ya es considerado una cuestión de salud pública mundial; necesitamos unir fuerzas no solamente para evitar que más personas atenten contra su propia vida, sino para ayudar a los sufren para que vuelvan a sonreír.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio es la 17a causa principal de muertes en todo el mundo, con ochocientas mil víctimas anuales. Eso equivale a un óbito cada cuarenta segundos. El cuadro es todavía más preocupante si se toma en consideración la estimación de que, por cada registro, existen veinte intentos de suicidio. De esa manera, es probable que convivas o ya hayas entrado en contacto con personas que no presentan más interés por la vida. La recurrencia de este problema exige que estemos preparados para enfrentar esta situación.

El punto es que la mayoría de los suicidios podría ser evitado si estuviéramos más atentos a los avisos, o indicadores, enviados por aquellos que planifican quitarse la vida. Cansancio emocional, aislamiento social y sueño excesivo pueden constituir “pedidos de socorro” de quien no está lidiando bien con sus problemas, y que puede ver la muerte como una solución, aunque esto no sea más que una ilusión.

Los motivos que llevan al suicidio son variados y complejos. Pueden ser consecuencia de un disturbio mental, como depresión y ansiedad, de un abuso sexual o problemas sociales. Independientemente de la causa, necesitamos estar preparados para ofrecer apoyo y saber cómo actuar preventivamente.

Por eso, ahora es el momento de conocer más sobre este desafío complejo y creciente. En las próximas páginas encontrarás orientaciones de cómo identificar a aquellos que piensan quitarse la vida, e intervenir positivamente en esos casos. Juntos podemos contribuir a la disminución de esos índices y colaborar para que quienes sufren con sus dramas personales logren tener una vida plena.

Lee cada página de esta revista con atención, y sé el hombro amigo de quien llora y la mano extendida para quien perdió la esperanza. ¡Contamos contigo para esta lucha por la vida!

Marli Peyerl es educadora y coordinadora de la campaña Rompiendo el silencio en Sudamérica.